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jueves, 1 de septiembre de 2011

“KERIGMA LATINOAMERICANO, LUZ DE LOS PUEBLOS EN MEDIO DE LA OSCURIDAD”

Nuestra Iglesia Latinoamericana se abre paso en los grandes acontecimientos de la Salvación de Nuestros Pueblos, en la alegría de Anunciar a Cristo en medio de cada Comunidad Cristiana y de cada Familia. el pasado 9 de julio, fiesta de Nuestra Señora la Virgen de Chiquinquirá, Nuestra Iglesia Colombiana Lanzaba la Misión Latinoamericana de Nuestra Amada Patria; Bajo el amor y escucha de la Reina de Colombia Nuestros Pastores nos orientaban en esta Llamada Misionera.

Pero que es lo que “traspasa nuestro Corazón” en la llamada misionera de nuestros pueblos, sino el amor a Jesucristo en su Palabra. Para comprender esta misión continental a la Luz de las Diferentes Conferencias Episcopales de Latinoamérica, debemos ver cuál es el mensaje de cada Conferencia, “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio”, “La Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina”, "Nueva Evangelización, Promoción humana, cultura cristiana”. Jesucristo ayer, hoy y siempre (Heb 13,8) y “Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros Pueblos en él tengan Vida”.

Con este pequeño esbozo de lo que ha orientado a la Iglesia Latinoamericana desde su ambiente evangelizador podremos decir, que somos anunciadores de la Palabra, desde un “KERIGMA” traducido como Anuncio Gozoso. Primer anuncio del evangelio o predicación misional por medio del kerigma para suscitar la fe.[1] El kerigma evangélico -primer anuncio lleno de ardor que un día transformó al hombre y lo llevó a la decisión de entregarse a Jesucristo por la fe-.[2]

Por medio de este llamado kerigmático el evangelio y la fe son los puntos orientadores de nuestra acción misionera que se traduce en ese testimonio vivo de Cristianos e Hijos de Dios, Ésta es la única y antigua novedad del Evangelio que, acogida por la fe y la conversión del corazón, hace nacer la comunidad de los que se reúnen en el nombre de Jesús, para ser en el mundo signo del hombre nuevo y de la nueva humanidad”[3].  

La transmisión de la fe cristiana es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en él. Desde el principio, los primeros discípulos ardieron en deseos de anunciar a Cristo: "No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído" (Hch 4, 20). Y ellos mismos invitan a los hombres de todos los tiempos a entrar en la alegría de su comunión con Cristo.[4]

En América, nuestros pueblos están llamados a una autentica accion misionera que transforma la vida de cada uno de los hermanos, “Misioneros de Cristo queremos ser para remar mar adentro”. Esta acción misionera la vemos reflejada en el anuncio, ¿Pero cuál es ese anuncio al que nos llama Cristo en su Evangelio y la Iglesia Latinoamericana? La Iglesia, desde los orígenes, se hizo presente y operante no sólo mediante el anuncio explícito del evangelio de Cristo sino también, y sobre todo, mediante la irradiación de la vida cristiana. Por eso la nueva evangelización exige coherencia de vida, testimonio compacto de la caridad, bajo el signo de la unidad, para que el mundo crea (cf. Jn 17,23).[5]

Desde nuestra acción pastoral como laicos comprometidos, debemos ser los primeros anunciadores del Reino de Dios, ese anuncio lo debemos Mostrar como una “Comunidad de Santos, Hermanos y Apóstoles”. Nuestro Pueblo clama por la salvación y comunión que el Padre le ha preparado y, en medio de su lucha por vivir y encontrar el sentido profundo de la vida, espera de nosotros el anuncio de la Buena Noticia.[6]

Los jóvenes, anunciadores de la alegría evangélica, deben ser transmisores de esa noticia que como pioneros de la vida y del futuro de nuestros pueblos se convertirán en nuestros mandatarios, para ello su fuerte debe ser el desarrollo social y ético de un mundo que ataque la opresión y destruya la desigualdad, para ello Benedicto XVI los orienta: “Jóvenes pido, un mayor compromiso en los diversos espacios de acción”[7]. Al igual deben ser los semilleros testimoniales de vocaciones al servicio de la iglesia y de un mundo nuevo en acción, además testigos firmes de la fe en medio de sus comunidades “Discípulos y misioneros de Jesucristo”.

Una Iglesia viva, fermentada por la experiencia de la gracia de Cristo, con muchos signos de esperanza que muestran la acción Dios con su pueblo y en donde animados por la alegría de ser anunciadores nos convertiremos en testimonio de Cristo Vivo y Resucitado, con desafíos y metas; que en medio de nuestras comunidades seamos forjadores de semilleros llenos de luchadores y temerarios de Cristo. La misión continental, hace de cada pueblo, comunidad y ser humano figura viviente de esa acción de Jesucristo, que en María, la Reina de Colombia, seamos instrumentos dóciles de la Palabra de Dios, de la iglesia como comunidad de testigos fieles y de jóvenes dispuestos a entregarlo todo a causa del Evangelio.



[1] Juan Pablo II. Exhortación Apostólica CATECHESI TRADENDAE. Roma: Tipografía poliglota Vaticana. 1979. N°18.
[2] Juan Pablo II. Exhortación Apostólica CATECHESI TRADENDAE. Roma: Tipografía poliglota Vaticana. 1979. N°25
[3] Documento de consulta para la conferencia de Santo Domingo. Bogotá: CELAM, 1992. N° 444.
[4] Catecismo de la Iglesia Católica, N° 425.
[5] Documento de  Santo Domingo, N° 29.
[6] Documento de Puebla, N° 340.
[7] BENEDICTO XVI, Mensaje a los jóvenes en Pacaembu; Brasil, 10 de mayo de 2007.

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