OMNIUM VESTRUM
http://www.vatican.va/various/basiliche/san_pietro/vr_tour/Media/VR/St_Peter_Square1/index.html
martes, 11 de octubre de 2011
APARECIDA: PASTORAL DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL
Hablar de Aparecida, es abrir nuestra mente a una realidad misionera que quiere que todos los pueblos conozcan a Cristo, centro de la revelación, centro del mensaje. Aparecida nos remite al Kerigma, anuncio que la Pastoral Comunicativa Social enraíza en su ser mismo. Los medios tecnológicos hacen parte de este Anuncio que toma la globalización y la transforme haciéndola accesible a toda lengua y cultura creando una transformación humana.
El hoy, influencia a los medios de comunicación social que atreves del Kerigma, conocido como el primer anuncio catequético y transformador de la fe, fe que camina al servicio del evangelio que tiene como centro la Palabra de Dios, mensaje que debe llegar a todos. La Iglesia debe estar cercana a este mensaje con su predicación integrándose en la vida social perfeccionada en la realidad social de nuestros pueblos.
Somos discípulos y misioneros formados en conocer y apreciar una nueva cultura de la comunicación; adecuada formación en la cultura de la comunicación de todos los miembros; en la formación de gestores de la comunicación que sean idóneos y acertados en su compromiso de la vida de la iglesia, tomando el evangelio como centro de su vida, esto de forma especial en los miembros de la comunicación social para que sean gestores de nuevas acciones comunicativas sea televisiva o radial, tecnológica y critica en su mensaje.
La comunicación con leyes que apoyen el progreso cultural de niños, jóvenes y a las personas más vulnerables, acciones que ayuden a otras pastorales de forma especial la comunicativa que se integra a la misión evangelizadora de nuestra Iglesia. Tener en cuenta la Internet como el medio actual en la transformación comunicadora “Para la Iglesia, el nuevo mundo del espacio cibernético es una exhortación a la gran aventura de la utilización de su potencial para proclamar el mensaje evangélico. Este desafío está en el centro de lo que significa, al inicio del milenio, seguir el mandato del Señor, de “avanzar”: Duc in altum! (Lc 5,4)”
domingo, 11 de septiembre de 2011
LA FE DE MI PUEBLO
La fe de mi pueblo, uno de los grandes interrogantes que viven las poblaciones católicas, es la llamada acerca de la fe, pero que es esta palabra en un pueblo arraigado en creencias católicas que se ven manifestadas en las multitudes de personas que llenan los templos e iglesias en los llamados días santos, las grandes romerías de fieles que se acogen bajo la mirada de Cristo Muerto que nos rescata, que rescata la humanidad caída a causa del pecado, la desobediencia y el no recibirlo, “A los suyos vino, pero no lo recibieron”[1].
La imagen de un Cristo muerto que conmueve los corazones de lo sencillos de corazón, la murada dolorosa de una Madre que recibe muerto al mismo dueño de la vida. Solo la fe puede ser ese motor que transforma la vida de cada cristiano con la fuerza alentadora que nos toma como la posesión preciosa e invaluable de la vida.
Hoy como ayer pido, ruego e imploro que solo la fe nos salve del mundo consumista, terrorista e incrédulo. No permitas que Jesús muera en tu corazón porque él es el dueño de la vida. "Me sedujiste, Señor, y conquistaste con tu amor mi corazón hasta lograr enamorarme, fiel tú fuiste y sin reservas me entregaste tu amor. Y no me pude resistir hoy donde quieras yo iré a tu lado caminaré y hablaré siempre de ti"[2]
jueves, 1 de septiembre de 2011
“KERIGMA LATINOAMERICANO, LUZ DE LOS PUEBLOS EN MEDIO DE LA OSCURIDAD”
Nuestra Iglesia Latinoamericana se abre paso en los grandes acontecimientos de la Salvación de Nuestros Pueblos, en la alegría de Anunciar a Cristo en medio de cada Comunidad Cristiana y de cada Familia. el pasado 9 de julio, fiesta de Nuestra Señora la Virgen de Chiquinquirá, Nuestra Iglesia Colombiana Lanzaba la Misión Latinoamericana de Nuestra Amada Patria; Bajo el amor y escucha de la Reina de Colombia Nuestros Pastores nos orientaban en esta Llamada Misionera.
Pero que es lo que “traspasa nuestro Corazón” en la llamada misionera de nuestros pueblos, sino el amor a Jesucristo en su Palabra. Para comprender esta misión continental a la Luz de las Diferentes Conferencias Episcopales de Latinoamérica, debemos ver cuál es el mensaje de cada Conferencia, “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio”, “La Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina”, "Nueva Evangelización, Promoción humana, cultura cristiana”. Jesucristo ayer, hoy y siempre (Heb 13,8) y “Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros Pueblos en él tengan Vida”.
Con este pequeño esbozo de lo que ha orientado a la Iglesia Latinoamericana desde su ambiente evangelizador podremos decir, que somos anunciadores de la Palabra, desde un “KERIGMA” traducido como Anuncio Gozoso. Primer anuncio del evangelio o predicación misional por medio del kerigma para suscitar la fe.[1] El kerigma evangélico -primer anuncio lleno de ardor que un día transformó al hombre y lo llevó a la decisión de entregarse a Jesucristo por la fe-.[2]
Por medio de este llamado kerigmático el evangelio y la fe son los puntos orientadores de nuestra acción misionera que se traduce en ese testimonio vivo de Cristianos e Hijos de Dios, “Ésta es la única y antigua novedad del Evangelio que, acogida por la fe y la conversión del corazón, hace nacer la comunidad de los que se reúnen en el nombre de Jesús, para ser en el mundo signo del hombre nuevo y de la nueva humanidad”[3].
La transmisión de la fe cristiana es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en él. Desde el principio, los primeros discípulos ardieron en deseos de anunciar a Cristo: "No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído" (Hch 4, 20). Y ellos mismos invitan a los hombres de todos los tiempos a entrar en la alegría de su comunión con Cristo.[4]
En América, nuestros pueblos están llamados a una autentica accion misionera que transforma la vida de cada uno de los hermanos, “Misioneros de Cristo queremos ser para remar mar adentro”. Esta acción misionera la vemos reflejada en el anuncio, ¿Pero cuál es ese anuncio al que nos llama Cristo en su Evangelio y la Iglesia Latinoamericana? La Iglesia, desde los orígenes, se hizo presente y operante no sólo mediante el anuncio explícito del evangelio de Cristo sino también, y sobre todo, mediante la irradiación de la vida cristiana. Por eso la nueva evangelización exige coherencia de vida, testimonio compacto de la caridad, bajo el signo de la unidad, para que el mundo crea (cf. Jn 17,23).[5]
Desde nuestra acción pastoral como laicos comprometidos, debemos ser los primeros anunciadores del Reino de Dios, ese anuncio lo debemos Mostrar como una “Comunidad de Santos, Hermanos y Apóstoles”. Nuestro Pueblo clama por la salvación y comunión que el Padre le ha preparado y, en medio de su lucha por vivir y encontrar el sentido profundo de la vida, espera de nosotros el anuncio de la Buena Noticia.[6]
Los jóvenes, anunciadores de la alegría evangélica, deben ser transmisores de esa noticia que como pioneros de la vida y del futuro de nuestros pueblos se convertirán en nuestros mandatarios, para ello su fuerte debe ser el desarrollo social y ético de un mundo que ataque la opresión y destruya la desigualdad, para ello Benedicto XVI los orienta: “Jóvenes pido, un mayor compromiso en los diversos espacios de acción”[7]. Al igual deben ser los semilleros testimoniales de vocaciones al servicio de la iglesia y de un mundo nuevo en acción, además testigos firmes de la fe en medio de sus comunidades “Discípulos y misioneros de Jesucristo”.
Una Iglesia viva, fermentada por la experiencia de la gracia de Cristo, con muchos signos de esperanza que muestran la acción Dios con su pueblo y en donde animados por la alegría de ser anunciadores nos convertiremos en testimonio de Cristo Vivo y Resucitado, con desafíos y metas; que en medio de nuestras comunidades seamos forjadores de semilleros llenos de luchadores y temerarios de Cristo. La misión continental, hace de cada pueblo, comunidad y ser humano figura viviente de esa acción de Jesucristo, que en María, la Reina de Colombia, seamos instrumentos dóciles de la Palabra de Dios, de la iglesia como comunidad de testigos fieles y de jóvenes dispuestos a entregarlo todo a causa del Evangelio.

[1] Juan Pablo II. Exhortación Apostólica CATECHESI TRADENDAE. Roma: Tipografía poliglota Vaticana. 1979. N°18.
[2] Juan Pablo II. Exhortación Apostólica CATECHESI TRADENDAE. Roma: Tipografía poliglota Vaticana. 1979. N°25
[4] Catecismo de la Iglesia Católica, N° 425.
[5] Documento de Santo Domingo, N° 29.
[6] Documento de Puebla, N° 340.
jueves, 25 de agosto de 2011
ESTA ES LA JUVENTUD DEL PAPA
La consigna mas escuchada en esta Jornada Mundial de la Juventud, “esta es la juventud del Papa” creo conveniente ponerla como título, ya que era la expresión con la que miles de jóvenes manifestaban su amor al Sucesor de Pedro, lema que retumbaba en calles, plazas, iglesias, y muchos otros lugares en los cuales los participantes de este encuentro sintieron y vivieron la cercanía del Santo Padre, no importando la lluvia, el sol, los jóvenes mostraron y vivieron su firmeza en la fe. El Romano Pontífice agradece estas muestras enérgicas de cariño con palabras que trascienden como las de un padre al hijo “yo rezo por vosotros con toda el alma, os suplico que recéis también por mí. Atraídos por la belleza de su amor, vivamos siempre fielmente como discípulos suyos”[1]
«Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (Col 2, 7) Con esta frase del apóstol San Pablo a los Colosense, los católico de todo el mundo nos adentramos a vivir el Viaje Apostólico de Su Santidad Benedicto XVI con motivo de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Un motivo que nos ha llenado de júbilo por las multitudes que con alegría recibieron al Vicario de Cristo en la Tierra, a su llegada al aeropuerto de Barajas de Madrid, El Papa nos manifestaba el motivo de este viaje “Vengo aquí a encontrarme con millares de jóvenes de todo el mundo, católicos, interesados por Cristo o en busca de la verdad que dé sentido genuino a su existencia”.[2]
Pero no solo la Jornada Mundial de la Juventud es el motivo explícito del tal visita, la invitación del Sucesor de Pedro se centraba en el lema central de este acontecimiento mundial “confirmar a todos en la fe, viviendo unos días de intensa actividad pastoral para anunciar que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Para impulsar el compromiso de construir el Reino de Dios en el mundo, entre nosotros”[3]. Palabras que a lo largo de estos días deben adentrarse al corazón de todos los católicos del mundo, palabras que resuenan desde el corazón mismo del evangelio, palabras que nos envían como Discípulos y Misioneros a comunicarla con una fe firme.
Este viaje que congrega a miles de jóvenes de todo el mundo, no es solo un encuentro multitudinario, es unirnos en la Caridad del Sucesor de Pedro como hijos de una misma fe, fe que se traduce a todos los vocablos del mundo como la expresión máxima de la confianza en la Trinidad y de la peregrinación que vivimos como Iglesia “Al edificar sobre la roca firme, no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo”[4].
El Viaje Apostólico, en el Marco de la Jornada Mundial de la Juventud, manifestó una cercanía del Pastor de la Iglesia Universal con sus ovejas, ovejas que con alegría manifestaron el amor al Pastor incondicional, por ello, el encuentro con los jóvenes religiosos, no un grupo diferente sino un solo cuerpo con un mismo fin “cada carisma es una palabra evangélica que el Espíritu Santo recuerda a su Iglesia (Jn 14, 26). No en vano, la Vida Consagrada «nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida”[5]. El mensaje del Santo Padre anima a vivir la radicalidad evangélica al servicio de la iglesia, a abrir de par en par las puestas de nuestra vida y configurarlas con Cristo siendo luz en medio del momento en que vivimos el llamado “eclipse de Dios”.
A este viaje de gran ardor religioso se une el encuentro con los Jóvenes Profesores, células vivas del mundo intelectual naciente, motivo que desde la Persona Intelectual del Santo Padre manifiesta su elogio admirable a la universidad como centro del aprendizaje, por ello el Papa celebra su importancia en la formación de las nuevas generaciones acotando que “está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho ( Jn 1,3)”[6]
Ya un momento propio del encuentro con los jóvenes es el sentido viacrucis donde la meditación de la Pasión de Cristo, nos mueve a donarnos, a entregar nuestra vida para ser Cristos vivos en medio de nuestros pueblos, Cristos a ejemplo del Maestro de Galilea que acepta ser la victima del sacrificio, el alimento del banquete y el cordero del holocausto, “Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos”[7]. En este viacrucis se camina con la Cruz que el beato Juan Pablo II bendijo en el Jubileo y es un emblema de la Jornada Mundial de la Juventud.
Un momento de gran importancia para los pastores del futuro y no es mencionado por los medios internacionales con gran ahínco, es la Eucaristía Celebrada en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena, allí el Sucesor de Pedro nos hacia el llamado a vivir nuestra vocación como la experiencia misma de la Cruz de Cristo, la donación de sí, una donación como prolongación de la fe en el único pastor, Cristo Jesús quien nos ha liberado. Benedicto XVI nos hace este apremiante llamado mediante la preparación “para ser apóstoles con Cristo y como Cristo, para ser compañeros de viaje y servidores de los hombres”[8] y a ejemplo de San Juan de Ávila, que próximamente será Doctor de la Iglesia Universal, para que su palabra y ejemplo ilumine a los sacerdotes del mañana.
Ya pronto a finalizar este Viaje Apostólico Su Santidad se reunió con los miembros de la Comisión que preparó la Jornada Mundial de la Juventud, acentuando que “La eficacia de esta comisión manifiesta que no solo es posible la colaboración entre la Iglesia y las instituciones civiles, sino que, cuando se orientan al servicio de una iniciativa de tan largo alcance, como es la que nos ocupa, se hace verdad el principio de que el bien integra a todos en la unidad”.[9]
Un encuentro que manifiesta el amor de la Iglesia por todos, sin exclusión de raza, lengua, condición social o discapacidad, en el Instituto San José, el Santo Padre vio, escuchó el testimonio de algunos hermanos nuestros con discapacidades físicas o intelectuales, a lo que el Vicario de Cristo expresó “Estos testigos nos hablan, ante todo, de la dignidad de cada vida humana, creada a imagen de Dios[10].
Un momento emotivo en el marco de los actos finales de esta gran Jornada Mundial de la Juventud es la Vigilia de oración con los jóvenes. El Sumo Pontífice nos recuerda desde su corazón de Padre y Pastor una verdad que impera la vida misma del Ser que está en las manos de Cristo “Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios. Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios”[11]
Ya finalizando este maravilloso encuentro, la Eucaristía de clausura, no fue una despedida, fue un encuentro total y personal con Cristo, que unidos en la caridad del sucesor de Pedro nos anima a dar testimonio al ejemplo de los primeros discípulos de esta experiencia viva y edificante en la fe, firmes en la fe, es darse y donarse a la causa del reino y del evangelio, por ello el Papa nos exhortaba “Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor”[12].
Tendremos tiempo de prepararnos para vivir una nueva experiencia de fe, un encuentro que trasciende fronteras, idiomas, barreras, tiempo de caminar con Cristo el Maestro de Galilea, por ello el Papa nos comunicaba “Me complace anunciar ahora que la sede de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en el dos mil trece, será Río de Janeiro. Pidamos al Señor ya desde este instante que asista con su fuerza a cuantos han de ponerla en marcha y allane el camino a los jóvenes de todo el mundo para que puedan reunirse nuevamente con el Papa en esa bella ciudad brasileña”[13].
Con gratitud el Santo Padre expresaba a todos los que hicieron posible este magno encuentro como voluntarios, hombres y mujeres que manifestaron su ser católico desde el servicio logístico y físico, con cariño y afecto el Santo Padre les bendecía y animaba “os animo a que guardéis en vuestro corazón esta gozosa experiencia y a que crezcáis cada día más en la entrega de vosotros mismos a Dios y a los hombres”[14]
Al dejar España, el Papa Benedicto XVI partía con la alegría del Padre que se reúne con todos sus hijos, del Pastor que se encuentra con las ovejas, del sembrador que recoge una gran cosecha, la gratitud por este encuentro mundial se manifiesta en la multitud de los miles de jóvenes que atendieron este llamado y compartieron su fe, una sola fe en un Padre de amor en todos, ya las palabras del Sucesor de Pedro ahondaran lo íntimo del corazón de todos.
Dando testimonio de una Iglesia viva y fecunda “Sí, la fiesta de la fe que hemos compartido nos permite mirar hacia adelante con mucha confianza en la providencia, que guía a la Iglesia por los mares de la historia. Por eso permanece joven y con vitalidad, aun afrontando arduas situaciones. Esto es obra del Espíritu Santo, que hace presente a Jesucristo en los corazones de los jóvenes de cada época y les muestra así la grandeza de la vocación divina de todo ser humano. Hemos podido comprobar también cómo la gracia de Cristo derrumba los muros y franquea las fronteras que el pecado levanta entre los pueblos y las generaciones, para hacer de todos los hombres una sola familia que se reconoce unida en el único Padre común, y que cultiva con su trabajo y respeto todo lo que Él nos ha dado en la Creación”[15].

[1] BENEDICTO XVI, Vigilia de oración con los jóvenes. Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid. Sábado 20 de agosto de 2011.
[2] BENEDICTO XVI, Ceremonia de bienvenida Aeropuerto Internacional de Madrid Barajas. Jueves 18 de Agosto de 2011.
[3] BENEDICTO XVI, Ceremonia de bienvenida Aeropuerto Internacional de Madrid Barajas. Jueves 18 de Agosto de 2011.
[4] BENEDICTO XVI, Fiesta de acogida de los jóvenes, Plaza de Cibeles. Madrid. Jueves 18 de agosto de 2011.
[5] BENEDICTO XVI, Encuentro con religiosas jóvenes. Patio de los reyes del Escorial. Viernes 19 de agosto de 2011.
[6] BENEDICTO XVI, Encuentro con profesores universitarios jóvenes. Basílica de San Lorenzo del Escorial. Viernes 19 de agosto.
[7] BENEDICTO XVI, Vía crucis con los jóvenes. Plaza de Cibeles. Madrid Viernes 19 de agosto de 2011
[8] BENEDICTO XVI, Santa Misa con los seminaristas. Catedral de Santa María La Real de la Almudena de Madrid, Sábado 20 de agosto de 2011
[9] BENEDICTO XVI, Encuentro con los comités organizadores de la XXVI JMJ. Nunciatura Apostólica de Madrid. Sábado 20 de agosto de 2011.
[10] BENEDICTO XVI, Visita a la Fundación Instituto San José. Madrid Sábado 20 de agosto de 2011.
[11] BENEDICTO XVI, Vigilia de oración con los jóvenes. Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid. Sábado 20 de agosto de 2011.
[12] BENEDICTO XVI, Santa Misa de clausura de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid. Domingo 21 de agosto de 2011.
[13] BENEDICTO XVI, Ángelus en el Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid. Domingo 21 De Agosto De 2011.
[14] BENEDICTO XVI, Encuentro con los voluntarios de la XXVI JMJ. Pabellón 9 de la feria de Madrid. Domingo 21 De Agosto De 2011.
[15] BENEDICTO XVI, Ceremonia de despedida. Discurso del Santo Padre en el Aeropuerto Internacional Barajas de Madrid. Domingo 21 de agosto de 2011.
jueves, 18 de agosto de 2011
EL ESPÍRITU SANTO DE LOS DISCÍPULOS Y MISIONEROS EN LA IGLESIA
Quiero expresar por medio de este tema cómo el Espíritu Santo ha interpelado mi vida, ha tocado en mi un despertar, un abrir las puertas del discípulo y misionero que debemos ser todos lo que por el bautismo, nos incorporamos a la Iglesia de Cristo, esta barca que a través del tiempo y a pesar de las tormentas, hecha las redes y se lanza por medio de diversos momentos de la historia y de la geografía a anunciar y proclamar con la fuerza del Espíritu Santo la Buena Nueva, "La Iglesia que Cristo ha fundado en sí mismo por su pasión sufrida por nosotros, la funda ahora en nosotros y en el mundo mediante el envío de su Espíritu"[1].
Por ello, quiero abordar como punto inicial la operación del Espíritu Santo en la Iglesia, para luego ver su acción en los discípulos y misioneros. Esto no sin antes hablar de la persona del Espíritu Santo, promesa hecha de Jesús antes de marcharse de nuevo al cielo, desde allá nos envía, junto con su Padre, al Paráclito. Es San Lucas quien nos relata su venida: "Llegado el día de Pentecostés estaban todos reunidos en un lugar, cuando de repente sobrevino del cielo un ruido como de viento impetuoso, que llenó toda la casa. Y aparecieron unas como lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos. Y todos fueron llenos del Espíritu Santo" (Hechos 2, 1-5).
Es por tanto, la Persona del Espíritu Santo quien anima y camina con la Iglesia, ella manifestación viva de su actuar, no solo en la iglesia naciente, Él ejerce, en todo momento y en toda circunstancia, ya lo decía su Santidad el Beato Juan Pablo II a feliz memoria, "La Iglesia, por tanto, instruida por la palabra de Cristo, partiendo de la experiencia de Pentecostés y de su historia apostólica, proclama desde el principio su fe en el Espíritu Santo, como aquel que es dador de vida, aquél en el que el inescrutable Dios trino y uno se comunica con los hombres construyendo en ellos la fuente de vida eterna"[2]
El actuar del Espíritu Santo, no es una acción misteriosa, es una vivencia que se ve manifestada en el desarrollo del cristiano, por ello, la Iglesia es culmen de la plenitud del Espíritu Santo que se derrama “a partir de Pentecostés, la Iglesia experimenta de inmediato fecundas irrupciones del Espíritu, vitalidad divina que se expresa en diversos dones y carismas (Cf. 1 Co 12, 1-11) y variados oficios que edifican la Iglesia y sirven a la evangelización (Cf. 1 Co 12, 2829). Por estos dones del Espíritu, la comunidad extiende el ministerio salvífico del Señor hasta que Él de nuevo se manifieste al final de los tiempos (Cf. 1 Co 1, 6-7). El Espíritu en la Iglesia forja misioneros decididos y valientes como Pedro (Cf. Hch 4, 13) y Pablo (Cf. Hch 13, 9), señala los lugares que deben ser evangelizados y elige a quiénes deben hacerlo (Cf. Hch 13, 2)”.[3]
Aquí es donde quiero acentuar mi discurso, el Espíritu Santo es Señor y Dador de Vida, además, es el que orienta a la Iglesia peregrina con sus discípulos y misioneros a anunciar la permanencia de Cristo, no en su forma corporal, pero si en su presencia actuante y vivificante. Este planteamiento se desarrolla por tanto, en el comprender mejor cuál es la misión de la Iglesia y cuál nuestra propia misión en la Iglesia. Comprender cómo realizarla en y desde la Iglesia.
miércoles, 10 de agosto de 2011
IGLESIA PEREGRINA
Hoy como ayer, la Iglesia nos llama a ser Buenos Pastores desde los diferentes apostolados, no sólo aquellos que por el llamado vocacional queremos vivir el Ministerio del que Cristo nos hace participes, sino también desde la experiencia de aquellos hermanos que a partir de la Vida Religiosa desean vivir como Hermanos, no debe haber distinción por el servicio, no debe haber división por el estado de vida, no debe haber ovejas sin un pastor.
Cuando nuestras Iglesias Particulares se disponen a vivir la Misión Continental creo que es conveniente dar Testimonio de Buenos Pastores, no sólo con el Ministerio Ordenado, sino con el amor que nos une como bautizados, ya que el constitutivo misionero recrea en nosotros el deseo de ser esa luz que nunca se apaga. No debemos estar a un lado esperando que nos llamen, debemos integrarnos desde nuestra Consagración Religiosa Agustina a servir sin desfallecer a pesar del cansancio.
Al reflexionar cuando veía decenas de panfletos con la inscripción “aquí se vive la fe católica” pensaba como en estos momentos de la historia, tenemos verdadera necesidad de Buenos Pastores que nos habran la puerta, como exponía Monseñor Rino Fisichella en la Universidad Pontificia Bolivariana en enero pasado, "hombres, que a través de una fe iluminada y vivida hagan a Dios creíble en el mundo, tenemos la necesidad de hombres que tengan la mirada dirigida a Dios, aprendiendo de el, la verdadera humanidad, tenemos la necesidad de hombres, cuyo intelecto sea iluminado por la luz de Dios, y a quienes Dios abra el corazón, de modo que su intelecto pueda hablar al intelecto de los otros y su corazón pueda abrir el corazón de los otros, solamente a través de hombres tocados por Dios, Dios puede retornar a los hombres".
Hoy debemos orar por los sacerdotes, en palabras de Monseñor Ricardo Tobón Restrepo "Hombres que a pesar de sus debilidades son un regalo del Dios". Que viviendo la unidad de la Iglesia brillan como esos faros de luz silenciosos que se desgastan por sus rebaños en cada una de nuestras comunidades. "Sólo una Iglesia santa y unida puede ser luz, y sal, y levadura y sudar sobre el mundo en el momento difícil que atravesamos. Sólo una Iglesia santa y unida, puede aportar la sabiduría y la fuerza del Evangelio a un mundo que se transforma y busca en la noche la felicidad. Sólo una Iglesia santa y unida puede caminar segura en medio de las pruebas de la vida hacia la esperanza eterna".
"Unámonos para dar el testimonio que hace creer, para sentir el gozo de ser un solo rebaño bajo un mismo pastor, en una sola alma y un solo corazón". La fe compromete el pastoreo del mundo en que vivimos, por ello, es tiempo de abrir de par en par las puertas y retornar al anuncio de la resurrección de Cristo del que somos testigos. Unámonos todos con la Bienaventurada Virgen María, que en todo momento creyó en la voluntad de Divino Pastor, que esperó con fe como modelo de Discípula, ella es la Estrella de la Evangelización que acompaña la Iglesia Triunfante, que es el redil escogido por su Hijo Querido, que sin duda alguna es el Buen Pastor.
FRAY FRANK CHAVARRIAGA ESCOBAR, O.S


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